Crecimiento anual y seguridad: Delirio Presidencial.

Por Luciano Blanco Gonzalez.

La incertidumbre política en México existe para el que no la quiere ver o no quiere darse cuenta de que vivimos tiempos de transformación que necesariamente se enmarcan en nuevos estilos y formas que en nada se parecen a los actuares recientes de la administración pública en la que todo se podía arreglar con dinero, con una palanca o con dádivas de distinta naturaleza, siendo regla general que con dinero todo se podía arreglar, menos la muerte, fuera de ello hay rumbo, hay guía pero lo que si nos conmociona es el brusco viraje del barco, es la ruptura de viejos rituales y costumbres.

Sufrimos porque ya no existe el clásico chocholeo a los inconformes con algún tema, ya no existe el apapacho a los dolidos, se acabo la pomada sanadora para curar las cicatrices de quienes se sentían afectados por alguna decisión, ahora el Presidente López Obrador, utiliza un lenguaje directo y a veces agresivo para explicar el por qué de sus decisiones políticas a quienes lo cuestionan y que antes por ser las vacas sagradas de la intelectualidad, del periodismo y del poder económico se les trataba con una sutil retorica de contentillo para suavizar el lenguaje critico o cuestionador y para evitar las dudas o confrontaciones que terminaban con un abrazo en el café con los personeros presidenciales previo acuerdo de favores y distinciones.

Ese lenguaje presidencial ha producido profundos distanciamientos y relaciones ríspidas con conocidos personajes de la política y del periodismo que en lugar de honores y reconocimientos reciben en su delicada y sensible piel el minimizante descalificativo que a algunos los apachurra y a otros los motiva para seguir viendo que todo está mal, que esto no tiene remedio, que nos estamos hundiendo y que el país a llegado a un punto de crisis del cual ya no hay retorno.

El presidente pica las víboras a sabiendas de que su veneno no le hace daño,porque su inmunidad formada por millones de mexicanos que lo respaldan curaran con aplausos para fortalecerlo, cualquier intento de rasparlo, juega con ellos al gato y al ratón a sabiendas de que terminara derrotándolos.

Y en verdad tenemos que creer en ese hombre bien intencionado, que no hay duda está desarrollando un plan económico estratégico basado en la austeridad y en el combate a la corrupción que cuando comencemos a ver los frutos sorprenderá a la nación por los enormes alcances que se prevén.

Como si fuera un delirio, o como tratándose de agarrar de una falsa asidera con la intención de sostenerse,ha dicho reiteradamente el Presidente que el país alcanzara un crecimiento del 4 % anual aun cuando todos los pronósticos le son adversos, pues el producto interno bruto apenas alcanza el 1.5, el empleo a caído en un 27 %, la inversión se ha contraído, la bolsa de valores no repunta, el crecimiento del país se ha detenido, no hay inversión pública ni privada, la recaudación fiscal a decaído y sin embargo Manuel se burla y desdeña todos los señalamientos que los expertos le hacen sobre la materia y parece decirles con su sonrisa, la que nadie interpreta ni escucha. Su gesto parece decirles, espérense tantito les tengo una sorpresita, se van a ir para atrás, ya verán, ya verán.

Si nos atrevemos a incursionar en todas las medidas económicas que a tomado,nadamas por encimita podemos pensar que Andrés Manuel acumula un inmenso caudal monetario, proveniente de los enormes ahorros que en gastos suntuarios e innecesarios se hacían, como los viajes al extranjero y al interior del país, el mantenimiento y combustibles de aviones, helicópteros y vehículos, gastos y rentas de celulares, el mantenimiento excéntrico de todo el Estado Mayor Presidencial, las pensiones presidenciales, la supresión de programas sociales y de delegaciones federales, el recorte de personal y la fusión de Secretarias, la rebaja de salarios, todo el ahorro proveniente del huachicoleo y el no al subsidio de la prensa, a las organizaciones no gubernamentales, a las estancias infantiles, a los comedores comunitarios entre otros.

Y aun con ello se mantiene una economía estable sin devaluaciones ni variantes graves, los mercados con una ligera e imperceptible inflación, la banca creciendo, el dólar y la gasolina sin sobresaltos.

Lo que nos obliga a preguntarnos ¿Cómo le va a hacer el presidente para revertir la caída del Producto Interno Bruto y poder alcanzar un crecimiento estimado del 4%,? Sin afirmarlo, puede consistir en un viraje que está a punto de dar en materia financiera el gobierno federal para la construcción de infraestructura en todas las áreas, se colige así por la contracción del gasto público  hasta ahora inclusive en áreas urgentes como el sector salud en el que a pesar de las necesidades urgentes en la mayoría de clínicas y de hospitales prevalece un desesperante desabasto de medicinas y de material de curación.

La inversión pública de los millones de pesos programados y hasta ahora ahorrados, que se ve venir en caminos, carreteras, puentes, hospitales escuelas, oficinas, aeropuertos, refinerías, vías ferroviarias, instalaciones deportivas, acueductos, gasoductos, sistemas de agua potable, redes de energía eléctrica es de una magnitud y trascendencia nunca vista,  esto reactivara la economía en el comercio de materiales de construcción, transporte, maquinaria, e insumos así como las constructoras, el boom será histórico e incentivara a los empresarios también a invertirán y entre ambos sectores generaran miles de empleos y consecuentemente de satisfactores,no hay de otra y recordemos que el propósito del presidente es la de generar con el  plan de desarrollo un esquema de bien estar y progreso que será ejemplo internacional.

Definitivamente no hay milagros, pero nos consta que el presidente posee una voluntad férrea para lograr los fines que se propone enfrentándose inclusive a lo imposible ya lo ha demostrado en varias ocasiones por eso cuando anuncia que en 6 meses se comenzaran a ver los resultados de su estrategia contra la violencia y por la seguridad, tenemos que creerle,porque en ello le va la palabra , el honor y el prestigio, no podemos descalificar de inicio un propósito que está fundamentado en el hecho de que ahora cuenta con herramientas materiales y jurídicas precisas con las que hasta ahora no contaba, como la Guardia Nacional las leyes relativas, funcionarios con una nueva mentalidad educados y formados con la mística de la cuarta transformación, dispuestos a servir sin prestarse a corruptelas de ninguna índole.

Ya no hay pretexto, lo que tenemos que hacer es convencer a los gobernadores y ediles de todos los estados y municipios para que coadyuven, la solución debe de comenzar por nosotros mismos y no dejar solas a las autoridades, cada acto de autoridad contra la delincuencia debemos de apoyarlos, seguros de que es un paso adelante para reconquistar la paz y la tranquilidad a la que el presidente se está comprometiendo.

A quienes menos les conviene la nueva política de seguridad, por egolatría y por sentirse mejores descalificaran el legal actuar de las fuerzas armadas con la intención de paralizarlas y regresarlas a los cuarteles, sería un grave error de la sociedad recluirse en sus hogares y auto secuestrarse presas del miedo, la sociedad debe de exigirle al presidente que cumpla con su compromiso, es el único camino para salir adelante.

En fin que la seguridad pública y el crecimiento económico son ya compromisos presidenciales que esperamos se cumplan a cabalidad en el entendido de que también debemos de adecuarnos al virage de la política que sin contentillo practica el presidente con sus detractores porque ese estilo no nos cuesta en publicidad para tener contentos a todos y mantener con ello la imagen de oropel de nuestros gobernantes. Pero nadie baje la guardia, mantengamos vivo el reclamo en contra de los frecuentes abusos del poder, manifestemos nuestra indignación en contra de las simulaciones que continúan cerrando las puertas de oportunidades para todos como el nepotismo y el compadrazgo y no permitamos por ningún motivo que ningún gobernante por poderoso que sea, viole el estado de derecho con memorándum o con libelos que mancillen nuestros derechos contenidos en la carta magna o en la declaración de los derechos humanos.- Por el bien de la causa.

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